Todo parece indicar que Mark Zuckerberg aspira a ampliar su presencia dentro de la empresa. Y no solo en sentido figurado: según diversos medios, el fundador y director ejecutivo de Meta está desarrollando una versión digital de sí mismo impulsada por inteligencia artificial (IA), diseñada para mantener conversaciones, interactuar con empleados, responder preguntas y ofrecer retroalimentación.

Según el Financial Times, se trataría de un avatar fotorrealista en 3D alimentado con material visual y sonoro del propio Zuckerberg, junto con sus intervenciones públicas y sus patrones de comunicación pública. El objetivo es que los empleados puedan "sentirse más conectados" con él. El propio Zuckerberg participa activamente en el proceso de entrenamiento y dedica entre cinco y diez horas semanales a este y otros proyectos de IA de la empresa, según The Verge.

El agente de CEO y el avatar: dos proyectos distintos

Pero el avatar es solo una pieza de un rompecabezas mayor. The Wall Street Journal reveló que Meta trabaja también en lo que internamente llaman un "agente de CEO": un sistema de IA personalizado que ya le ayuda a acceder con mayor agilidad a información interna que normalmente requeriría pasar por varios intermediarios dentro de la organización.

Ambos proyectos, según coinciden las fuentes citadas por distintos medios, se desarrollan de forma independiente. Uno está centrado en la interacción con empleados a través del avatar, mientras que el otro busca mejorar el acceso a información interna y apoyar la toma de decisiones. En términos más generales, pueden interpretarse como dos líneas complementarias: una más representacional, enfocada en la presencia digital del CEO, y otra de carácter operativo, orientada a optimizar procesos internos.

Meta impulsa cambios en su cultura interna con IA

La apuesta de Mark Zuckerberg por la IA no es solo una curiosidad tecnológica: apunta a cambios relevantes en el funcionamiento interno de Meta.

La empresa ha creado una nueva organización de ingeniería de IA aplicada con estructuras ultraplanas –hasta 50 colaboradores individuales por cada responsable–, y el grado de adopción de estas herramientas ha empezado a influir en cómo se evalúa el rendimiento del personal.

El tablón de mensajes interno, según el The Wall Street Journal, funciona como un espacio donde se comparten cada vez más ejemplos de uso y nuevas herramientas basadas en IA creadas por los propios empleados.

Dentro de Meta se está construyendo algo que nunca antes había existido: una réplica digital del propio CEO.Dentro de Meta se está construyendo algo que nunca antes había existido: una réplica digital del propio CEO.
Dentro de Meta se está construyendo algo que nunca antes había existido: una réplica digital del propio CEO.Imagen: Tom Williams/CQ Roll Call/Newscom World/IMAGO

Entre las más destacadas figura My Claw, un agente personal que puede consultar conversaciones y documentos laborales, además de facilitar la comunicación con otros compañeros –o incluso con sus asistentes digitales– en nombre del usuario.

También gana terreno Second Brain, una solución híbrida que combina funciones de chatbot con capacidades más autónomas propias de un asistente inteligente, construida sobre Anthropic y su modelo Claude, a la que su creador interno se refiere como una especie de asistente estratégico basado en IA. De hecho, ya existe un grupo dentro del sistema de mensajería corporativo donde los asistentes digitales de distintos trabajadores pueden interactuar directamente entre ellos.

En paralelo, Meta ha acompañado este impulso con adquisiciones recientes como Manus, una startup singapurense especializada en agentes personales, y Moltbook, una red social diseñada para agentes de IA.

Ansiedad laboral y el fantasma de los despidos

El ambiente interno que describen algunos empleados recuerda a los primeros días de Facebook, con su célebre lema de "Muévete rápido y rompe cosas". Aunque, como el propio Zuckerberg señaló recientemente durante un juicio, esa filosofía ha evolucionado hacia algo más matizado: "Muévete rápido con infraestructura estable".

Pero no todo el mundo vive esta transformación con entusiasmo. Según el The Wall Street Journal, la velocidad de los cambios y la fuerte presión por incorporar la IA en el trabajo diario han contribuido a aumentar la inquietud sobre posibles recortes de plantilla. 

Por ejemplo, el Financial Times asegura que los jefes de producto están sometiendo a los empleados a "evaluaciones de habilidades básicas" y ejercicios de "codificación intuitiva".

No sería la primera vez que Meta reduce plantilla. Tras casi duplicar su número de empleados hasta los 87.314 durante la pandemia, la empresa recortó 11.000 puestos en 2022 y otros 10.000 en 2023, en lo que Mark Zuckerberg denominó el "año de la eficiencia". La plantilla llegó a caer hasta unos 67.000 trabajadores, aunque posteriormente volvió a crecer hasta los cerca de 79.000 actuales.

La empresa redujo más de 21.000 empleos entre 2022 y 2023 en lo que Zuckerberg llamó el "año de la eficiencia".La empresa redujo más de 21.000 empleos entre 2022 y 2023 en lo que Zuckerberg llamó el "año de la eficiencia".
La empresa redujo más de 21.000 empleos entre 2022 y 2023 en lo que Zuckerberg llamó el "año de la eficiencia".Imagen: Jens Büttner/dpa/picture alliance

Escepticismo ante el avatar: los antecedentes no ayudan

El proyecto del avatar, además, despierta escepticismo, y no sin motivos. Los antecedentes de Meta en avatares y sistemas de IA con personalidad pública han generado resultados desiguales.

En 2023, la compañía llegó a pagar millones a celebridades para convertirlas en chatbots, pero el proyecto se canceló menos de un año después, tras una avalancha de críticas y declaraciones problemáticas realizadas en nombre de sus homólogos reales.

Tampoco ayudó el precedente del avatar del metaverso que Zuckerberg presentó en 2022, objeto de burlas masivas por la pobre calidad de sus gráficos. Y, según fuentes internas citadas por el Financial Times, el nuevo desarrollo podría convertirse en un sistema muy exigente en términos de recursos computacionales, en un contexto donde el acceso a estos recursos puede ser limitado.

Aun así, algunas empresas del sector defienden el concepto. Es el caso de Synthesia, startup británica valorada en 4.000 millones de dólares y especializada en avatares de video realistas. "Cuando se añaden video y voz generados por IA, la participación y la retención aumentan significativamente", señaló un portavoz a The Guardian. Convencer a los empleados de que un Zuckerberg digital es algo más que una curiosidad distópica, sin embargo, podría ser bastante más difícil.

Por ahora, el CEO de carne y hueso seguirá apareciendo en persona en las reuniones. Si el experimento funciona, Meta planea extender esta tecnología influencers y creadores de contenido, permitiéndoles desarrollar sus propios avatares. Un horizonte que, a la luz del historial de la empresa, plantea un escenario todavía incierto.

DW Personenfoto | Spanische Redaktion | Felipe Espinosa WangDW Personenfoto | Spanische Redaktion | Felipe Espinosa Wang

Un equipo de científicos japonés ha encontrado adenina, guanina, citosina, timina y uracilo en el asteroide Ryugu, es decir, las cinco nucleobases o moléculas orgánicas presentes en el ADN y el ARN terrestres.

Las nucleobases son componentes esenciales del ADN y el ARN, los 'ladrillos' sobre los que se sustenta la vida en la Tierra. Encontrarlas en material extraterrestre ayuda a los científicos a entender cómo se forman estos compuestos en ausencia de vida y cómo se transportan por el sistema solar. 

Análisis de muestras de Hayabusa 2

Para hacer el estudio, el equipo, liderado por científicos de la Agencia Japonesa para la Ciencia y la Tecnología Maritimo-Terrestre (JAMSTEC), analizó las muestras de Ryugu y las comparó con el material encontrado en otros asteroides. Los resultados se han publicado en Nature Astronomy. 

Primero analizaron las dos muestras de Ryugu recolectadas por la misión Hayabusa 2 y detectaron las cinco nucleobases canónicas –adenina, guanina, citosina, timina y uracilo– en ambas muestras.

Las muestras de Ryugu mostraron diferencias significativas en nucleobases frente a los meteoritos Murchison y Orgueil y el asteroide Bennu.Las muestras de Ryugu mostraron diferencias significativas en nucleobases frente a los meteoritos Murchison y Orgueil y el asteroide Bennu.
Las muestras de Ryugu mostraron diferencias significativas en nucleobases frente a los meteoritos Murchison y Orgueil y el asteroide Bennu.Imagen: JAXA/REUTERS

Comparación con meteoritos y el asteroide Bennu

Después, compararon los resultados con los de los meteoritos Murchison y Orgueil y con las muestras del asteroide Bennu y hallaron diferencias significativas en las abundancias relativas de las nucleobases. 

Ryugu contiene cantidades aproximadamente comparables de nucleobases de purina (adenina y guanina) y nucleobases de pirimidina (citosina, timina y uracilo), mientras que Murchison tiene más nucleobases de purina y las muestras de Bennu y Orgueil son más ricas en nucleobases de pirimidina.

Pistas sobre el origen de la vida en la Tierra

Para los autores, estos resultados reflejan las diferentes historias químicas, ambientales y evolutivas de sus respectivos cuerpos parentales.

Encontrar estas nucleobases en materiales de asteroides y meteoritos, a pesar de sus diferencias químicas, "demuestra su presencia generalizada en todo el sistema solar y refuerza la hipótesis de que los asteroides carbonáceos contribuyeron al inventario químico prebiótico de la Tierra primitiva", escriben los autores. 

FEW (EFE, Nature Astronomy)

Un equipo internacional de científicos, liderado por la Universidad de Oxford (Reino Unido), ha identificado una nueva clase de planeta fuera del Sistema Solar que no encaja en ninguna de las categorías conocidas hasta ahora, caracterizado por albergar enormes cantidades de azufre en las profundidades de un océano permanente de magma.

Un exoplaneta con atmósfera rica en azufre

El planeta, denominado 'L 98-59 d', orbita una estrella situada a unos 35 años luz de la Tierra; presenta una densidad sorprendentemente baja y una atmósfera rica en gases de azufre, lo que desconcertó inicialmente a los astrónomos, que han publicado los resultados de su investigación en la revista Nature Astronomy.

El descubrimiento del nuevo planeta, que tiene 1,6 veces el tamaño de la Tierra, podría ampliar significativamente lo que se conoce hasta ahora sobre la diversidad de mundos en la galaxia, han subrayado los investigadores, que han utilizado las observaciones realizadas con el telescopio espacial James Webb, junto con observatorios terrestres, para revelar la presencia de sulfuro de hidrógeno y otros compuestos de azufre en la atmósfera del planeta. 

Un mundo que no encaja en las categorías conocidas

Estas características no encajan con las categorías habituales en las que se clasifican los planetas pequeños, como las enanas gaseosas rocosas con atmósferas de hidrógeno o los mundos ricos en agua formados por océanos profundos y hielo, y para entender este extraño mundo, los investigadores utilizaron avanzadas simulaciones informáticas que recrean la evolución del planeta durante casi cinco mil millones de años. 

Los modelos sugieren que el manto del planeta está formado principalmente por silicatos fundidos, similares a la lava terrestre, creando un océano global de magma que podría extenderse miles de kilómetros bajo su superficie, y ese gigantesco reservorio fundido actúa como un almacén de azufre, capaz de retenerlo durante escalas de tiempo geológicas. 

Además, ese océano de magma contribuye a mantener una atmósfera densa rica en hidrógeno, donde se encuentran gases como el sulfuro de hidrógeno, y aunque normalmente ese gas se perdería en el espacio debido a la radiación procedente de la estrella anfitriona, el intercambio químico entre el interior fundido y la atmósfera ha permitido conservarlo durante miles de millones de años. 

 

El autor principal del estudio, Harrison Nicholls, ha explicado que el descubrimiento podría obligar a replantear las categorías actuales con las que los astrónomos han descrito los planetas pequeños, y ha explicado que, aunque es poco probable que un planeta fundido como este pueda albergar vida, su estudio revela la enorme diversidad de mundos que existen fuera del Sistema Solar y plantea la posibilidad de que haya muchos más planetas similares aún por descubrir.

El telescopio James Webb revela claves sobre exoplanetas

Las observaciones realizadas en 2024 con el telescopio espacial James Webb detectaron dióxido de azufre en las capas altas de la atmósfera del planeta, y los modelos indican que estos gases se generan cuando la radiación ultravioleta de su estrella desencadena reacciones químicas en la atmósfera.

Al mismo tiempo, el océano de magma bajo la superficie actúa como un gigantesco depósito que absorbe y libera estos compuestos a lo largo del tiempo, y esa interacción entre el interior del planeta y su atmósfera es la que explicaría las propiedades inusuales detectadas por los telescopios.

El telescopio espacial sigue así proporcionando información clave sobre exoplanetas, y las futuras misiones espaciales, como 'Ariel' y 'PLATO' –las dos de la ESA, para estudiar cientos de exoplanetas–, podrían ampliar aún más este conocimiento y comprender mejor cómo se forman y evolucionan y predecir cuáles podrían ser habitables. 

FEW (EFE, Universidad de Oxford, Nature Astronomy)

Los objetos interestelares son visitantes excepcionales: fragmentos de otros sistemas planetarios que atraviesan fugazmente el nuestro y ofrecen una oportunidad única para estudiar material formado más allá del Sol. El descubrimiento de 3I/ATLAS abrió precisamente esa posibilidad. Como otros de su tipo, funciona como una auténtica "cápsula del tiempo" cósmica: el objeto expulsa dióxido de carbono y vapor de agua que podrían haberse formado hace miles de millones de años.

El problema es que "llegó tarde". Para cuando los astrónomos lograron detectarlo, en julio de 2024, el visitante interestelar ya se encontraba dentro de la órbita de Júpiter y avanzaba a más de 60 kilómetros por segundo. En octubre alcanzó su máxima aproximación al Sol y desde entonces se aleja rápidamente hacia el espacio profundo, lo que dejó muy poco margen para planificar una misión directa desde la Tierra.

El desafío de alcanzar un cometa interestelar

Aun así, algunos científicos creen que la oportunidad no está completamente perdida. Y proponen una idea audaz: todavía sería técnicamente posible enviar una sonda para observarlo de cerca. Sería una apuesta arriesgada, capaz de poner a prueba los límites de la ingeniería espacial, pero que, según aseguran, podría valer la pena.

De acuerdo con un estudio liderado por Adam Hibberd, de la Iniciativa para Estudios Interestelares, junto con Marshall Eubanks (Space Initiatives Inc.) y Andreas Hein (Universidad de Luxemburgo), todavía existe una ventana teórica para interceptar el objeto. El trabajo –disponible como preimpresión en arXiv y enviado para publicación en el Journal of the British Interplanetary Society– propone lanzar una misión en 2035 que podría alcanzar a 3I/ATLAS hacia 2085, según reporta Space.com.

Para entonces, agrega el medio especializado, el cometa estaría a más de 732 unidades astronómicas del Sol –es decir, 732 veces la distancia entre la Tierra y nuestra estrella–, más de cuatro veces la distancia que ha recorrido Voyager 1 en casi 48 años.

La fecha de 2035 no es arbitraria: ese año se produciría la alineación más favorable entre la Tierra, Júpiter, el Sol y 3I/ATLAS, lo que permitiría minimizar los requisitos de propulsión y el tiempo total de vuelo.

El objeto interestelar 3I/ATLAS, fotografiado por la sonda china Tianwen-1.El objeto interestelar 3I/ATLAS, fotografiado por la sonda china Tianwen-1.
El objeto interestelar 3I/ATLAS, fotografiado por la sonda china Tianwen-1.Imagen: CNSA/Xinhua/IMAGO

Maniobra Oberth: la clave para una misión récord

La propuesta se basa en el llamado efecto Oberth, formulado en 1929 por el científico austrohúngaro Hermann Oberth. El principio es sencillo: cuanto más rápido se mueve una nave cuando enciende sus motores, mayor es el impulso que obtiene. El truco consiste en utilizar la gravedad del Sol como una especie de catapulta: la nave se acercaría a la estrella y aceleraría justo en el punto más cercano de su trayectoria –el perihelio– cuando su velocidad es máxima.

"Prácticamente todos los lanzamientos utilizan el efecto Oberth", explicó Eubanks a Space.com. "Sin embargo, no encuentro ningún registro de una maniobra directa como la que proponemos, con una combustión importante del cohete en el punto más cercano durante un sobrevuelo", agregó.

A modo de comparación, señala Space.comVoyager 1 –el objeto humano más lejano– se encuentra hoy a unas 170 unidades astronómicas del Sol tras casi medio siglo de viaje; la interceptación de 3I/ATLAS podría producirse a más de 700 UA de nuestra estrella.

Por otra parte, el tiempo de vuelo dependería del delta–V –el cambio de velocidad– logrado durante la maniobra solar. Con 8,36 km/s, la interceptación ocurriría tras unos 50 años; si se alcanzaran 10,36 km/s, podría producirse en 30 años. No sería un salto imposible: la sonda Dawn de la NASA alcanzó 11 km/s.

Si funcionara, el resultado sería una nave que alcanzaría la mayor velocidad jamás lograda por un artefacto humano, "por un buen margen", según Eubanks.

La Parker Solar Probe soportó temperaturas de entre 1370 y 1400 °C en su escudo térmico durante sus aproximaciones al Sol, sirviendo de referencia para la misión propuesta hacia 3I/ATLAS.La Parker Solar Probe soportó temperaturas de entre 1370 y 1400 °C en su escudo térmico durante sus aproximaciones al Sol, sirviendo de referencia para la misión propuesta hacia 3I/ATLAS.
La Parker Solar Probe soportó temperaturas de entre 1370 y 1400 °C en su escudo térmico durante sus aproximaciones al Sol, sirviendo de referencia para la misión propuesta hacia 3I/ATLAS.Imagen: NASA

Desafíos técnicos extremos: calor solar y trayectoria compleja

Pero acercarse tanto al Sol tiene un precio. Según explican los científicos en su estudio, la nave tendría que pasar por el perihelio a apenas 3,2 radios solares del centro del Sol y encender sus motores en ese punto crítico, soportando temperaturas extremas.

Como referencia, la Parker Solar Probe ha soportado temperaturas de entre 1370 y 1400 °C en su escudo térmico durante sus aproximaciones al Sol, aunque no llegó tan cerca como lo haría la misión propuesta. Para resistir condiciones similares, los investigadores sugieren utilizar un escudo térmico de compuesto de carbono con capas adicionales de aerogel.

La trayectoria propuesta también es poco intuitiva. En lugar de dirigirse directamente al objeto, la nave volaría primero hacia Júpiter durante aproximadamente un año. Allí utilizaría la gravedad del gigante gaseoso para frenar y redirigir su trayectoria hacia el Sol; sin ese paso, la nave –que ya se mueve con la velocidad orbital de la Tierra, unos 30 km/s– simplemente seguiría orbitando en una trayectoria amplia.

Tras ese frenado gravitatorio vendría el acercamiento solar y la maniobra Oberth. A diferencia de la Parker Solar Probe –que utilizó múltiples sobrevuelos de Venus para ajustar su trayectoria– la misión hacia 3I/ATLAS tendría poco margen para realizar maniobras de este tipo debido a la alta velocidad del objeto.

Los investigadores en su estudio proponen lanzar la misión con una Starship Block 3 de SpaceX repostada en órbita terrestre baja. El interceptor tendría una masa cercana a 500 kilogramos, comparable a la de New Horizons, y utilizaría dos o tres propulsores de combustible sólido para el impulso en el perihelio.

El Observatorio Rubin ya opera en Chile y promete revolucionar la detección de objetos interestelares.El Observatorio Rubin ya opera en Chile y promete revolucionar la detección de objetos interestelares.
El Observatorio Rubin ya opera en Chile y promete revolucionar la detección de objetos interestelares.Imagen: H. Stockebrand/NSF-DOE Vera C. Rubin Observatory/dpa/picture alliance

Alternativas y futuro de la exploración interestelar

Más allá de la viabilidad de la misión, surge una pregunta clave: ¿merece la pena perseguir a 3I/ATLAS durante décadas? La duda es razonable, sobre todo porque el Observatorio Vera C. Rubin, que ya ha comenzado operaciones en Chile, podría detectar alrededor de un cometa interestelar al año, un gran salto frente a los tres identificados hasta ahora.

"Tendremos que esperar a ver qué pasa", señaló Eubanks a Space.com. "Quizás después de que se hayan encontrado, digamos, diez objetos interestelares, 3I parezca algo habitual y no merezca la pena organizar una expedición para perseguirlo".

Por otra parte, debido a las enormes velocidades implicadas, la misión solo permitiría un breve sobrevuelo, lo que limitaría considerablemente el retorno científico de una empresa tan ambiciosa.

Por eso, algunos investigadores consideran más prometedor desarrollar otras arquitecturas de misión: sondas ya posicionadas en el espacio, listas para interceptar visitantes interestelares cerca del perihelio sin necesidad de maniobras solares de Oberth tan arriesgadas.

De hecho, como recoge Universe Today, la Agencia Espacial Europea (ESA) planea lanzar su misión Comet Interceptor a finales de 2028. La nave se "aparcará" en el punto de Lagrange L2, donde esperará hasta que aparezca un objetivo adecuado. Este enfoque podría permitir estudiar futuros visitantes interestelares de forma mucho más práctica.

Aun así, las maniobras solares de Oberth no deberían descartarse. Podrían resultar útiles para explorar objetos transneptunianos, o incluso para alcanzar el hipotético Planeta Nueve, que se estima podría encontrarse entre 290 y 800 unidades astronómicas del Sol.

"Estoy bastante seguro de que, cuando desarrollemos la capacidad de alcanzar estos objetos interestelares, habrá un fuerte deseo de explorar directamente al menos algunos de ellos", concluyó Eubanks.

Por ahora, 3I/ATLAS continúa alejándose del sistema solar rumbo al espacio interestelar, llevando consigo pistas sobre sistemas planetarios lejanos. Quizá nadie lo alcance jamás. O quizá, dentro de muchas décadas, una pequeña sonda terrestre logre interceptarlo para intentar descifrarlas.

Un equipo de científicos halló nuevas pistas que sugieren la existencia de rayos en Marte, según un estudio publicado recientemente en la revista Science.

El hallazgo se produce casi tres meses después de que otros investigadores reportaran pruebas similares con ayuda del instrumento SuperCam del róver Perseverance de la NASA, como informó DW.

Esta vez, la evidencia proviene de datos recopilados en junio de 2015 por la misión MAVEN (Mars Atmosphere and Volatile Evolution), también de la NASA.

Un fenómeno difícil de detectar

Identificar estas descargas eléctricas en el planeta rojo no es sencillo. A diferencia de la Tierra, Marte posee una atmósfera mucho más tenue y un campo magnético débil. Además, estos eventos no se manifiestan como grandes relámpagos visibles en el cielo.

Así como propuso la investigación previa, se trataría más bien de pequeñas chispas luminosas generadas por torbellinos de polvo con carga electrostática.

"No podemos describirlo como un rayo terrestre, pero el principio es similar. Es un poco difícil imaginar cómo se ve porque nadie ha tomado una foto aún", dice el coautor Ondřej Santolík, físico espacial de la Academia Checa de Ciencias, en declaraciones recogidas por Scientific American.

Karen Alpin, física espacial de la Universidad de Bristol que no participó en el estudio, considera que "estamos acercándonos a los rayos de Marte".

Remolino de polvo en Marte.Remolino de polvo en Marte.
Los científicos sugieren que los remolinos de polvo en Marte podrían ser causantes de los rayos en el planeta rojo.Imagen: NASA

La pista del "silbido"

Hace unos tres meses, la NASA perdió contacto con MAVEN, la nave que orbitaba Marte para estudiar su atmósfera. Sin embargo, los datos acumulados por la misión siguen ofreciendo resultados.

Los científicos analizaron 108.418 registros en busca de señales conocidas como "silbidos". Cuando uno de estos fenómenos ocurre, el aire circundante se calienta e ioniza, actuando como una antena natural que emite ondas de radio.

Estas señales —con un sonido parecido a un silbido— han permitido detectar descargas eléctricas en planetas como Júpiter, Saturno y Neptuno.

En el caso marciano, entre todos los registros estudiados apareció una única señal, de apenas 0,4 segundos de duración.

El análisis "debe hacerse visualmente porque es muy difícil que una máquina lo identifique debido al ruido en los datos. Es muy sorprendente que lo hayamos encontrado en absoluto", asegura Santolík.

Un indicio pequeño, pero significativo

Los autores aclaran que esta evidencia no contradice los hallazgos basados en los datos del Perseverance, aunque reconocen que se trata de una muestra muy limitada para extraer conclusiones definitivas.

El evento detectado "ocurrió en el lado nocturno, en una región con un campo magnético casi vertical, condición necesaria para la propagación exitosa de las ondas a altitudes ionosféricas más altas", explican.

Róver Perseverance en la superficie de Marte.Róver Perseverance en la superficie de Marte.
La primera evidencia de rayos en Marte fue conseguida gracias a los datos del Perseverance.Imagen: NASA/JPL-Caltech/MSSS/REUTERS

"Observamos que, si bien las condiciones ionosféricas del lado nocturno se presentaron en aproximadamente un tercio de las instantáneas de ondas analizadas, estas inclinaciones elevadas del campo magnético son extremadamente raras", agregan.

Por ello, los investigadores consideran que la explicación más probable es que la descarga se haya producido durante una tormenta regional o dentro de un remolino de polvo.

Más que una curiosidad marciana

Estudiar rayos en Marte no es solo una cuestión anecdótica de la astronomía. Comprender estos fenómenos podría ayudar a proteger róvers y futuros robots frente a posibles daños eléctricos.

Además, las descargas generan reacciones químicas que podrían influir en procesos vinculados al surgimiento de la vida, lo que despierta el interés científico. Finalmente, hallazgos como este entregan nuevas pistas sobre las características más enigmáticas de Marte.

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